Durante los últimos años, la inteligencia artificial ha pasado de ser un concepto reservado para laboratorios de investigación a convertirse en una herramienta tangible en el día a día de las organizaciones tecnológicas. En nuestra empresa, este cambio no es la excepción: hoy la IA forma parte activa de los procesos con los que creamos valor.
Sin embargo, desde la explosión de esta tecnología, se viene repitiendo un mantra alarmista en los medios y redes sociales: “Muchos empleos serán reemplazados por la IA, en especial el desarrollo de software”. ¿Qué tan cierto es esto?
La verdad, siendo honestos, es que sí es cierto… pero con un gran matiz.
Si como desarrolladores decidimos ignorar esta tecnología, si nos negamos a adoptarla y nos quedamos estancados en el pasado, seremos reemplazados. Pero no necesariamente por una máquina, sino por desarrolladores que sí la utilicen para volverse exponencialmente más proactivos y productivos. La IA no viene a quitarnos el trabajo; viene a obligarnos a evolucionar.
El daño colateral: El impacto psicológico en los desarrolladores Junior
Hay un ángulo de este fenómeno del que se habla muy poco y que, en lo personal, considero preocupante. La narrativa constante de que «la IA ya lo hace todo» está afectando psicológicamente a las nuevas generaciones de programadores.
Cuando un desarrollador Junior, o alguien que apenas está comenzando, escucha todos los días que su profesión va a desaparecer, pierde el incentivo para prepararse técnicamente. Se crea la falsa ilusión de que, como la IA puede generar una función o un script, ya no es necesario entender los fundamentos, la arquitectura o la lógica detrás del código.
Y la verdad es que no es así. La IA es un amplificador, no un sustituto del criterio humano. Sin una base técnica sólida, es imposible saber si la solución que propone la IA es óptima, segura o escalable.
Mi día a día: Desarrollando con «Superpoderes»
Para entender cómo conviven un programador y la IA en el mundo real, quiero compartirles cómo es mi flujo de trabajo diario hoy en día. No es ciencia ficción, es eficiencia pura.
Mi rutina comienza de forma tradicional: reviso mis asignaciones y las organizo estrictamente por orden de prioridad. Levanto los componentes necesarios en mi máquina local para arrancar las plataformas… y aquí es donde entran en juego lo que yo llamo mis superpoderes.
- En el editor de código: Mi entorno de desarrollo cuenta con extensiones de IA que aceleran el proceso de escritura de forma drástica. Por un lado, tengo autocompletado inteligente para tareas repetitivas; por el otro, utilizo ventanas de contexto. A través de prompts bien estructurados, interactúo con la IA para solicitarle requerimientos específicos, ya sean nuevas funcionalidades, mejoras de rendimiento o la corrección de un error (bug) escurridizo.
- En la terminal con Claude Code: Desde la consola utilizo herramientas como Claude Code, donde configuro algunos agentes personalizados por proyecto. Esto me permite ejecutar y resolver tareas muy puntuales dentro del software con una velocidad increíble.
- El «Consejo de Sabios» (Herramientas externas): Cuando me enfrento a problemas arquitectónicos o lógicos de alta complejidad, recurro a herramientas externas. Abro chats con Claude, Gemini y ChatGPT en paralelo, planteo el requerimiento e interactúo con ellos para comparar sus enfoques. Ver qué solución propone cada modelo me da una perspectiva mucho más amplia para tomar la mejor decisión.
La única constante es el cambio
Esta es mi forma de trabajar hoy. Pero sé perfectamente que esto es un ecosistema vivo y cambiante. Hace apenas unas semanas usaba un editor con características distintas; mañana, es muy probable que cambiemos de herramientas otra vez.
En el desarrollo de software moderno, aferrarse a una sola herramienta es un error. Nuestra mentalidad debe estar enfocada en la adaptabilidad: adoptar siempre aquello que nos haga más productivos al menor costo posible, pero asegurando estándares de alta calidad en el producto final.
La IA no llegó para apagarnos la pantalla. Llegó para optimizar nuestros procesos de análisis, desarrollo, pruebas e implementación. Al final del día, los creadores de soluciones seguimos siendo nosotros; la IA es, simplemente, el motor que nos permite llegar más lejos y más rápido.
Escrito por: Darwist García, Ingeniero de Sistemas y Desarrollador en TRI

